¿cómo empezó?
Capítulo I
Cuna de la humanidad
[Crujido] luego de un fugaz
intento por reparar una grieta en el tejado, se escuchó un grito capaz de
levantar una calle completa, sin exageraciones, fue tanto el dolor y la
impresión de ver su pierna rota que cayó
inconsciente; la persona que estaba encargada como enfermera no pudo hacer
demasiado, revisó el pulso, pidió que lo estabilizáramos en la camilla, lo
despertó para darle unos medicamentos para el dolor y la inflamación, y luego
nos quedamos esperando lo peor, pues ningún hospital estaba funcionando,
nuestra salud dependía de alguien que con esfuerzo, pudo terminar el primer
semestre de enfermería, tenía un conocimiento “básico” que nos ayudaría a
soportar unos cuantos meses más. Fue hace no mucho que toda esta pesadilla
comenzó, recuerdo que volvía a casa luego de estar con unos amigos, mientras
caminaba, a eso de las diez de la noche, recibí un pequeño espanto por parte de
“Lilith” el gato persa de mi vecina, siempre la consideré un poco rara desde
que la conocí hace años, en especial por su nombre, “Helena Nordén”, mi abuela
mencionaba algunas veces que Helena alguna vez estudio con ella, y siempre nos
contaba su historia, Helena había nacido en una pequeña ciudad costera en el
sur de Suecia, su nombre es “Torekov”, allí desde temprana edad mostró un
talento excepcional para la escritura. Sus primeros trabajos fueron publicados
en revistas literarias locales antes de que tuviera veinte años. Después de
graduarse de la universidad de Lund en Suecia, con una licenciatura en
Literatura, se mudó a Estocolmo para perseguir su sueño de convertirse en
escritora profesional. Durante ese tiempo, comenzó a experimentar con su propia
salud mental, lo que finalmente llevó a un diagnóstico de trastorno bipolar.
Aunque esto le provocó dificultades iniciales, Helena aprendió a manejar sus
síntomas, y a utilizarlos en su escritura, ayudándole a crear una obra titulada
“Veinticuatro horas en el Sol y en la sombra” novela que la convirtió en una
figura conocida en la escena literaria de Suecia. A pesar de su éxito, Helena
siempre fue bastante misteriosa. Rara vez dio una entrevista y siempre evitó la
atención pública tanto como fuera posible. Un día los gustos cambiaron, los
géneros literarios evolucionaron y lo que Nordén escribía ya no satisfacía al
público, decidió tomar eso como una señal de su retiro, dejo de lado Estocolmo,
la ciudad que la vio crecer como escritora, para viajar cientos de kilómetros a
un pueblo donde nadie la conociera, para su suerte, la casa frente a la suya
era la mía, mi abuela el día uno de la mudanza decidió presentarse a la nueva
vecina, así se dio cuenta, luego de que mencionara su nombre, que la había
conocido en la escuela “…”. Me dio igual el susto y saqué la llave de mi
bolsillo, la dirigí al cerrojo y tras girarla abrí la puerta de mi casa, entré,
ya era un poco tarde y no había nadie en la sala, en la cocina estaba mi cena,
así que la tomé y me senté en el comedor, tranquilo y con la paz de la noche,
empecé a comer, bocados pequeños, mordía lentamente cada trozo de fruta,
disfrutaba demasiado de esa cena, era una de mis comidas favoritas, aunque
solía comerla al desayuno, “sopa de frutas”, así le llamábamos en casa, era una
especie de cereal pero, solo era fruta con leche y otros ingredientes, mamá era
quien la cocinaba. Terminé la cena, me levante de la silla, fui a la cocina y
dejé los plastos sucio en el lavaplatos, iba a lavarlo en la mañana, así que
subí a mi habitación, abrí la puerta y me senté para cambiar de ropa, luego
preparé la cama y me puse bajo la sabana, a eso de las once y treinta, comenzó,
el anuncio del clima que había llegado a mi teléfono era correcto, había
empezado a llover, demasiado fuerte, escuchaba como las gotas caían sobre el
techo de los carros estacionados afuera; gracias a la lluvia pude dormir como
nunca, estaba siendo acurrucado por el suave sonido de la lluvia. Eran casi las
dos de la madrugada me despertó mi teléfono sonando, un poco tarde para
conversar, tomé el teléfono y entredormido pude contestar - ¿Qué pasa…? -, qué
hace que una persona te llame en medio de la noche, - ¿vas a ir mañana, bueno,
más bien hoy? -, no sabía de qué hablaba, me despierta en medio de un excelente
sueño para interrumpirlo con tan tonta pregunta, colgué, y puse el teléfono en
silencio; no podía dormir, el estúpido me había cortado el sueño, así que me
quedé despierto, giré mi cuerpo hacia el lado derecho de mi cama para ver por
la ventana, y allí estaba Helena, en su casa, muy tarde y con la luz encendida,
que noche más rara me dije, para después girarme y sin saber cómo, caer de
nuevo en un profundo sueño.
27 de julio, día 001.
Desperté temprano con la luz
que se colaba por la ventana. La primera movida del día fue bajar a la cocina y
encarar los platos sucios que dejé la noche anterior. Después de una ducha
rápida, me vestí con una camiseta con calaveras, una sudadera oscura y mis
zapatos preferidos. Saqué algo de dinero de la billetera para un desayuno
improvisado en el colegio. Me di cuenta de que no cargué mi teléfono la noche
pasada, así que lo metí en la mochila con los cuadernos y lápices.
Cuando entré al colegio,
decidí tomarme quince minutos de la primera clase para un desayuno largo. Me
compré un café y dos buñuelos, disfrutándolos a paso lento. Esos quince minutos
se estiraron a veinte, pero no me importaba, total la primera clase era de
biología, que no es mi fuerte. La he saltado más de una vez y hoy no sería la
excepción.
Me quedé en la cafetería,
disfrutando mi desayuno y revisando el teléfono. Después de veinte minutos, me
levanté para ver qué estaban dando en clase. Antes de entrar al salón, una
amiga me mandó un mensaje: "Oye, ¿qué haces? ¿Puedes venir a mi casa?".
Mil pensamientos me cruzaron, pero traté de no darle muchas vueltas al asunto.
Respondí: "Nada, voy para allá". Después de mandar el mensaje, me di
media vuelta y me fui para la salida, que obvio estaba cerrada.
"Don Guillermo", el
portero, me preguntó: "¿Qué haces afuera?". Apenas me vio. Le dije:
"Voy a casa, estoy medio mal". Me miró como si no me fuera a dejar
salir, pero después de un momento, dijo: "Entiendo, mejórate", y
abrió la puerta. "Gracias", le dije antes de irme a la casa de
Lorena.
Después de caminar un poco,
intenté llamarla, pero no contestó. Seguí caminando hacia su casa. Cuando
llegué y toqué la puerta, abrió casi de inmediato. Luego le dije: "Oye,
¿para qué me pediste que viniera?". respondió: "Quería que me acompañaras.
Se suponía que iba a estar con mi madre, pero todavía no llega. Su vuelo se
canceló y estoy preocupada".
Mientras hablábamos, Lorena,
mirando su teléfono, comentó: “No puedo comunicarme con mi madre desde hace
horas. Además, en las noticias hay informes hay informes extraños sobre
disturbios y comportamientos inusuales”. Justo en ese momento, una noticia interrumpió
la transmisión habitual, hablando de una epidemia que se estaba extendiendo
rápidamente. Sin embargo, aún no teníamos idea de la magnitud de la amenaza que
se cernía sobre nosotros.
De repente, una figura pálida
y desaliñada apareció al final de la calle. Ambos la vimos y nos quedamos sin
palabras. La figura se movía de manera extraña y emitía gemidos apagados. “¿Qué
demonios está pasando?”, susurró Lorena, agarrándome del brazo. Aún
desconocíamos la verdadera naturaleza de esta perturbadora figura y cómo
cambiaria nuestras vidas para siempre.
Mientras la figura se
acercaba lentamente, los gemidos apagados se volvían más audibles. Miré a
Lorena, cuyos ojos reflejaban la misma confusión y temor que sentía yo. Sin
pensar, cerramos la puerta con cuidado, como si intuyéramos que algo en aquel
suceso no cuadraba del todo.
El ambiente se volvió tenso,
como si el día mismo contuviera una energía inusual. Justo cuando pensábamos
que habíamos cerrado el capítulo de lo inquietante, el gato de Lorena decidió
dar un salto desde algún rincón oscuro. La repentina aparición nos hizo saltar
del susto, “¡vaya forma de espantarnos!”, exclamé entre risas nerviosas,
mientras el gato se paseaba tranquilamente, ajeno al caos momentáneo que había
creado. “¡voy a quedarme contigo hasta que tengas noticias de tu madre!”, dije,
comprometiendo a estar presente hasta ese momento, “¡gracias!”, respondió, con
un tono dulce y suave.
Antes de que cayera la noche,
la incertidumbre de saber sobre su madre preocupaba a lorena, mientras yo me
preocupaba por saber quien era el hombre de comportamiento extraño que estaba
fuera de la casa. Decidido y sentado en el sofá junto a ella, me estiré un
poco, para mover la cortina que cubría mi vista tras la ventana, para ver si
aquella persona seguía fuera, para mi sorpresa no solo estaba aquel hombre,
ahora había más personas con su mismo comportamiento, evité hacer algún
movimiento que pudiera asustar a Lorena, pues ya estaba suficientemente
preocupada. Arreglé la cortina tal y como estaba, me puse de pie, miré a Lorena
y le dije: “creo que me quedaré a dormir, pero antes… debemos asegurar las
entradas”, al escucharme su cara paso de preocupación a desconcierto, y su
respuesta fue: “¿qué está pasando? ¿Por qué tendríamos que hacerlo?”. Corrí
hacia un lado la cortina, para mostrarle el por qué, se asustó demasiado, casi
al punto de gritar, así que puse mi mano sobre su boca para evitar que lo
hiciera, de nuevo arreglé la cortina e intenté tranquilizarla, “todo estará
bien, volverás a ver a tu madre”, empezaron a caer lágrimas de sus ojos, me
apresuré a secarlos, “vamos, respira y acompáñame a cerrar las entradas”, su
respuesta entre sollozos fue: “ok, vamos”.
Aseguramos la entrada
principal y la entrada al jardín, cerramos las ventanas y pusimos manteles y
sabanas cubriendo cada entrada de luz; el silencio se volvía ensordecedor, y
aunque no teníamos información clara, un instinto nos impulsaba a prepararnos
para lo descocido. Encendimos la televisión en un intento de descifrar el caos
que se desataba afuera, pero las noticias eran una mezcla confusa de desorden y
pánico. Aun ajenos a la verdadera naturaleza de la amenaza que era evidente,
nos armábamos con cuchillos y machetes en contra un enemigo invisible, pero
palpable en la atmosfera tensa y cargada de ansiedad.
Capítulo II
Carpe diem
Comentarios
Publicar un comentario
🦥🦝