Aquello

Estás libre en mis ojos y tus pertenencias las hallas sobre la mesa de noche contigua a mis pensamientos. Soy una persona precavida, dado al miedo de la obsolescencia de mi mente, te atrapé en mis ojos, como una mariposa que sitúa su delicadeza en unas frías manos. No cuestiones ¿por qué soy como soy?, no lo seré siempre. Ignoré que no me hayas preguntado al entrar y solo tomarás como tuya mi cabeza, que hayas cruzado por cada rincón y, sin mencionarme lo que buscabas, pero no ignoré tu procacidad cuando ya no estabas solo en aquella realidad sino en esta. Surgías, te encontrabas allí, aquí; eras tú. Aquellos ojos majos brillosos color café, cuánto me gusta el café; esas cejas que veo lindas, solo porque son tuyas, al igual que cada pestaña, al igual que tu nariz y la cicatriz sobre ella, tus labios, la forma de tu cara, cada gesticulación, pestañeo, esas orejas, esas ojeras; aquella voz y lo que pronuncias, tu cabello suelto u atado, tu altura, ambos brazos, ambas piernas, ambos pies, ambas manos, cada dedo y todas tus uñas. Eres tú. ¿Qué haces frente a mí si hace frio? Abrígate devuelta en mis pensamientos, abrázame mientras te abrigas, no importa que no esté. No hayo aquello que me hizo gustar de ti, aquello que reestructuró todo en mí, quizá sea solo yo y tú seas aquello. 

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